21 abril 2012

CIENCIA OCULTA



Si una gran parte del catálogo de Blackie Books hasta el momento ya se podía calificar como una verdadera bendición del cielo (ahí están, por ejemplo, las cuatro novelas de Jardiel), creo no exagerar si digo que el hecho de recopilar los textos de Víctor Nubla, y haberlo hecho como lo han hecho, solamente se puede calificar de servicio a la humanidad, y hará que sus editores vayan derechos al Cielo. No tengo ni idea de si ha sido el propio Nubla quien ha reorganizado su propia material o si ha sido la gente de Blackie. La edición es críptica a este respecto, como no podía ser de otra manera. Sin embargo, lo que les ha salido es (en mi opinión) algo mucho más fabuloso que la suma de sus partes.
Me explico. Los libros de Nubla eran (hasta hora) un elemento semi-legendario en la geografía barcelonesa: autoeditados por su autor bajo el sello Biblioteca para Misántropos y encontrables en un formato diminuto y de aspecto esotérico en librerías de arte, tiendas de discos underground y cubetas de fanzines diversas, a razón de un título cada año o dos, desde que Nubla formó la “editorial” en 2003. Cómo cazan los dromedarios, la antología de Blackie Books, recoge prácticamente la totalidad de cuatro de los títulos más fascinantes de Nubla, Sistemas de interpretación del mundo (2003), Ensayo contra la rueda (2004), Magia tridimensional perenne (2007) y La parte por el todo (2008), además del radical ejercicio de escritura automática y/o visionaria, Tratado sobre los frenos, escrito en 1997 y reeditado más adelante. Solamente falta el Llibre dels bèsties (2010), que quiero pensar que no está recogido aquí porque la editorial Blackie planea publicarlo en castellano en algún futuro próximo.
La idea –aparentemente sencilla– de agrupar los textos de Nubla en series convierte la antología en algo parecido a un grimorio o a un texto de ciencia renacentista, un hallazgo más feliz todavía si uno piensa que la escritura de Nubla tiene ya cierto aire fabuloso de filosofía oculta o ciencia premoderna, de tratado de Llull, Bacon o Browne, con sus taxonomías, series naturales y diagramas. El tratado resultante se compone de siete libros, divididos en series sistematizadoras que subrayan la condición de compendio filosófico del conjunto. Después de la concesión lúdica a la ficción que son los exorrelatos, tres maravillosas perlas al estilo de P.K. Dick condensado, pasamos a las palabras mayores: los ensayos sobre la rueda, la bicicleta y la radio, que sientan el tono, un surrealismo de raíz oculta con elementos de Dalí, Roussel, Gómez de la Serna, el Perucho de los bestiarios y balnearios, o el Cortázar más abstracto. El “Bloque naturalista” contiene diamantes cómo el microensayo que vincula el pulgar opuesto en la especie humana con la fabricación del queso como rasgo determinante de la supremacía de la humanidad, la reinterpretación del dromedario como depredador centenario y temible o la reinterpretación del colibrí como parásito del perezoso. “Magia tridimensional perenne” es simplemente uno de mis libros barceloneses favoritos de todos los tiempos. Sus páginas un recorrido esotérico-psicogeográfico por la Vila de Gràcia que arranca con la campana rota de la Vila, interpretada como centro de energías psíquicas y tótem de rebeldía local; las estatuas del Paseo de San Juan; la legendaria-urbana y mágica pedra dels carallots que se ubica bajo la Plaça del Raspall; la langosta silvestre misteriosamente avistada por el músico Jordi Valls en Gràcia; la ubicación alternativa del Centro Místico del Universo en un par de bares de Gràcia, y la ya célebre teoría de la Salida de Gracia al Mar que tendrá lugar cuando se fundan los polos. Me niego a considerar MTP como un divertimento o una broma basada en los rituales personales y las leyendas locales. Para mí es un verdadero tratado de magia animista, en el sentido de una sacralización de la relación entre el individuo y su hábitat entendido como aleph o axis mundi.
El libro de los sistemas acentúa la condición de tratado (seudo)científico, o tal vez (alter)científico del conjunto. Los “Sistemas de señales” son un tratado total de señalística, mientras que los “Sistemas de interpretación del mundo” permiten interpretar el mundo a partir de elementos como las matrículas de los coches, el número de timbrazos del teléfono, la forma de entrar o salir de una puerta o la hora que marca el reloj. Los “Tres mandalas” son alucinantes formulaciones verbales del mandala o el fractal, construidos a base de nódulos que se ramifican, y culminan en el delirante “La corriente del río”, un relato que avanza literalmente a base de irse por las ramas. Fuera del tratado central, y a modo de coda o extra, hay un delicioso tratado de fauna marciana.


Me resulta una paradoja maravillosa, y me llena de gozo, el hecho de que el libro más excitante y perfecto de lo que va de año lo haya escrito alguien cuya ocupación creativa principal no es la literatura, sino la música, y para quien la escritura es una actividad muy secundaria, probablemente por detrás de los carajillos y los paseos por Gràcia. En mi opinión, debería hacernos reflexionar. De momento, ahí va mi recomendación ferviente de esta primavera.

4 comentarios:

  1. Esos universos oníricos y radicalmente particulares de Barcelona.

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  2. ...y loado sea el Perro Primordial... Amén!

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  3. http://www.youtube.com/watch?v=4z50p2v5Of0&feature=related

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  4. Exacto, Javier, paradigmática paradoja la de Nubla: no hay que ser un profesional para escribir mejor que muchos de quienes se dicen o creen ser profesionales, de aquellos ansiosos por entrar en el circo del mercado. La seriedad de los verdaderos outsiders.

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