18 julio 2011

TIEMPO (Y LAS DIMENSIONES RELATIVAS EN EL ESPACIO)

(PUBLICADO EN EL NÚMERO DE QUIMERA DE JULIO DE 2011)


 Hace casi treinta años que soy fan de la serie Doctor Who. Fue hacia 1983 cuando TV3, en sus primeras parrillas de pruebas, incluyó varias temporadas de la era Tom Baker de la serie. Así es como yo me encontré una tarde después de la escuela con un episodio de algo que, en primera instancia, no pude entender. Que no se parecía a nada que yo conociera. Una ficción indescifrable e hipnótica. El episodio The Ark in Space, emitido originalmente por la BBC en enero de 1975, es el primer recuerdo televisivo de mi vida. En su emisión en catalán de los 80, Doctor Who era espantosamente impopular. Enseguida me encontré siendo el único que estaba dispuesto a seguir aquella serie fundamentalmente extraña, aparentemente centrada en una cabina telefónica que en realidad no lo era, carente de escenarios estables, imprevisible, ambientada en épocas dispares o bien en platós cuyos decorados no remitían a nada conocido, a menudo siniestra, sin gente guapa, impregnada de una insólita atmósfera tardo-victoriana y llena de anacronismos que hoy llamaríamos steampunk. Y, lo que es peor, una serie donde a veces cambiaban al protagonista. Tengo el vago recuerdo de los demás niños hablando de series americanas como V, The A Team o Knight Rider y hasta recreándolas en sus juegos. Para mí, sin embargo, todo aquello se había terminado. En cuanto me adentré en el mundo de Doctor Who, con sus exóticos y complicadísimos meandros argumentales, sus abruptos finales estilo “cliff-hanger” y su espeso entramado de referencias culturales, que me obligaba a ver la serie con la enciclopedia en la mano, ya me fue imposible divertirme con una idiotez como The A-Team, que cada semana repetía la misma historia insustancial y llena de inconsistencias narrativas.



Mi particular relación temporal con Doctor Who no pasaría de ser una anécdota biográfica sin demasiado interés –ni siquiera para mí– si no fuera porque Doctor Who es una serie sobre el Tiempo. Mi relación personal con la serie (la veía de niño y la sigo viendo ahora que soy un hombre de cuarenta años con niños; la serie no ha cambiado esencialmente; yo tampoco, pero estoy mucho más cerca de la muerte) es temiblemente parecida a la de muchos personajes y hasta Compañeros de la serie: el Doctor aparece en uno o varios momentos dados de sus vidas, pero como el Doctor está fuera del tiempo, los momentos en que aparece resultan dolorosamente dispares y alejados, y en última instancia toda relación con el Doctor está condenada porque nosotros envejecemos y nos morimos y él no. Por supuesto, ninguna serie podría desarrollar una relación semejante con sus espectadores de no ser porque, ya en la década de 1960, Doctor Who “aprendió” a superar y subvertir las restricciones y convenciones del serial televisivo. La primera de esas subversiones, por supuesto, es lo que en el ámbito de Doctor Who se denomina la Regeneración. Desde su inicio en 1963 hasta 1966, la serie estuvo protagonizada por William Hartnell (a quien ahora se conoce como “el Primer Doctor”; la cronología de la producción de la serie sigue un doble índice: se cuenta por temporadas y también por el número ordinal de los doctores). Cuando Hartnell anunció su retirada, los guionistas se encontraron con el problema de cómo continuar con la serie, y lo que hicieron fue integrar una “cláusula” argumental en virtud de la cual el Doctor  nunca muere, sino que se regenera en otro cuerpo. Pese a su aparente simplicidad, la cláusula de la Regeneración es lo que ha permitido que la serie ya vaya por su quinta década, sin tener que preocuparse, entre otras cosas, por el límite puramente biológico que impone el envejecimiento de los actores. (Un caso que me impresiona: la actriz Elisabeth Sladen ha interpretado el personaje de Sarah Jane Smith en Doctor Who en dos momentos distintos de su vida: a los 25 años –entre 1973 y 1976– y ya pasados los sesenta, de 2006 a 2010;  su dramático envejecimiento es aprovechado por los guionistas para tejer sus sombrías metáforas sobre el tiempo). He dicho que, al introducir la Regeneración, Doctor Who aprendió; sería igual de válido decir que evolucionó hasta cobrar una dimensión inalcanzable para el resto de relatos seriales audiovisuales. Otra subversión de los límites del relato serial es la relación de Doctor Who con la Historia. Doctor Who ha pasado por todos los momentos temporales desde dentro y desde fuera de ellos. Las laberínticas meta-cronías de Doctor Who no solamente disuelven cualquier relato histórico, sino que hacen lo mismo con la experiencia del visionado y lo vuelven a-crónico. La década de los 70, por ejemplo, ha sido retratada por Doctor Who desde el seno de esa misma década, pero también desde antes y después. La serie ha mostrado los 70 tal como se imaginaban en los 60 y también tal como se recordaban en los 80, los 90 o el siglo XXI, además de múltiples versiones de los 70 que no se corresponden con ninguna de las anteriores. Las distintas versiones posibles multiversales de los años 70, pero no en potencia, sino todas actualizadas de forma simultánea. El resultado es un magma metahistórico esponjoso donde el Doctor a bordo de su máquina TARDIS va entrando y saliendo desde todos los lados simultáneamente, como un bombardeo radiactivo. El Doctor no solamente  ha estado ahí siempre, desde que uno recuerda la televisión, sino también en todas las versiones posibles de ese siempre.



Es inevitable hablar de la dificultad de una serie como Doctor Who. Se trata de una dificultad que se da a muchos niveles. Por un lado el contenido científico de las historias, que ha generado abundante literatura específica (yo, por ejemplo, manejo The Science of Doctor Who de Paul Parsons y el volumen colectivo Time and Relative Dissertations in Space) y que, por supuesto, se apoya en la teoría de la relatividad, las disquisiciones tanto físicas como ficcionales sobre los viajes en el tiempo, la teoría de multiversos, los agujeros de gusano y otros conceptos asociados. La mayor dificultad, sin embargo, estriba en el hecho de ser un relato serial que lleva cinco décadas emitiéndose, con millares de episodios a sus espaldas, agrupados en arcos narrativos mayores, intermedios y menores, que constituyen un archivo de historias, personajes y argumentos completamente inabarcable para un espectador que no haya crecido con Doctor Who (esto es así incluso a pesar de que la serie hizo un amago de “reiniciarse” en 2005, cosa que simplemente no sucedió, puesto que además de constituir una continuación argumental estricta de las temporadas anteriores, la “nueva” serie se convirtió adicionalmente en homenaje y revival de las mismas, añadiéndole un nivel más todavía a la enloquecedoramente compleja estructura de la serie). En Doctor Who han sucedido tantas cosas y han ido y venido tantos personajes que su archivo histórico es colosal, imposible de seguir sin la ayuda de guías o sin haber pasado la vida viéndola. Es una cuestión de magnitudes. Doctor Who no es una serie que “se siga” en el sentido convencional. Más bien uno habita en su mundo, perpetuamente, esperando la siguiente temporada y revisando las anteriores mientras se espera. No hay ningún relato audiovisual que se pueda comparar ni de lejos con Doctor Who en términos de magnitud. De hecho, no se me ocurre ningún relato de ninguna clase que se le pueda comparar en esos términos. A los miles y miles de horas de emisión, hay que añadirles media docena de series derivadas de la serie principal y los centenares de novelas escritas en la mayoría de casos por los mismos guionistas de la serie para suplementar las distintas temporadas. (Cuando hablo de guionistas, hablo de escritores británicos de la talla de Robert Holmes, Anthony Read, Douglas Adams, Russell T. Davies, Steven Moffat o Mark Gatiss, por citar unos pocos). Se habla del Buffyverso, pero éste es una ridiculez comparado con el Whoniverso, una mitología colosal en progreso desde 1963 y que abarca miles de personajes, seres sobrenaturales, especies alienígenas, personajes históricos reales, mitos de todas las culturas, monstruos, dioses, conspiraciones pynchonianas, enigmáticos cuerpos militares, organizaciones secretas, asesinos legendarios y a los temibles Señores del Tiempo, la estirpe a la que pertenece el Doctor ; muchos de estos personajes recurren continuamente a lo largo de cuarenta años, regenerándose, envejeciendo o bien reconstruyéndose cibernéticamente; una mitología que combina relatos históricos, anacronías, ciencia ficción, historias contemporáneas, crimen, romance o aventuras, todo combinado en una portentosa saga total. Se habla de la complejidad de una serie como Lost, pero Lost es una broma comparado con una serie que ya era experimental en los 60, ya demolió todos los géneros y generó una ciencia propia, una disciplina autotélica que parece existir en un universo imperecedero y paralelo al nuestro.


En gran medida, Doctor Who me “estropeó” desde una edad temprana para disfrutar de otras ficciones televisivas. Ha habido muy pocos momentos televisivos que me cautivaran en la misma medida. Las tres temporadas de la increíble Rise and Fall of Reginald Perrin de Leonard Rossitter, el sublime Sherlock Holmes de Jeremy Brett y Twin Peaks de David Lynch. Todo lo demás me ha suministrado satisfacciones mucho más moderadas, aunque admito que no me interesa demasiado la televisión, tal vez porque ya encontré hace muchísimos años lo que buscaba en ella. Hoy en día se ven ecos de Doctor Who en todas partes. No es difícil apreciar su influencia directa en el estupendo renacimiento de las series fantásticas y de misterio británicas de la última década –Life on Mars, Whitechapel, Jekyll, Sherlock, Luther, etc–, pero la verdad es que ninguna de estas alcanza la altura de su modelo más o menos explícito. Entre temporada y temporada de Doctor Who, no hay más que remedios paliativos. El momento de inicio de cada una de ellas, siempre en primavera, es un verdadero rito anual, una inmersión cíclica en un tiempo fuera del tiempo que habría hecho las delicias de Mircea Eliade.

8 comentarios:

  1. Yo he descubierto al doctor Who este año, y salgo a la calle todos lo días a esperar la puñetera cabina. También coincido con Caida y Auge de Reginald Perryn. Me encantaba aquel tío que quería romper con su vida y empezaba a llamar a las cosas con otros nombres como acto de rebeldía.

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  2. Con "Crystal Palace" creo que hiciste el mejor homenaje posible a Doctor Who. Que sepas que ese relato fue el que me hizo volver a recuperar los capítulos de Tom Baker que yo también vi en TV3.

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  3. Confieso que solo he visto las recientes temporadas de la serie. En el canal sur nunca llegaron a ponerla, asi que tuve que mudarme a Estados unidos para disfrutarla. Es curioso por aqui mucha gente piensa que Doctor Who es una serie infantil o para nenes. A mi no me parece que esa sea el caso, mas bien lo contrario, es una serie que te hace crecer rapido. Recientemente la uso mucho en las clases para explicarles a mis digitalizados estudiantes la disonancias (encuentros y desencuentros) entre eso que se ha dado en llamar ritmo narrativo moderno y el pos o tardo moderno. Es curioso, muchos de ellos tienden a pensar que se trata de una serie mas moderna en su concepcion de la relacion entre espacio-tiempo (la sombra del olvido siempre presente), y sin embargo, la proliferacion de espacios historicos reducidos a platos televisivos les mueve en la direccion contraria.
    Quizas esa sea la saludable leccion del doctor: procesos narrativos no son siempre reducibles a las categorias (de estudios) que tendemos a imponer sobre ellos.

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  4. Hola.

    Nunca he sido capaz (o más bien sentido la necesidad) de sumergirme en el mundo del Doctor Who, supongo que por la magnitud del armatoste narrativo que comentas, que intimida bastante, porque llegué tarde y soy de los que les cuesta ver una serie, por muy corta que sea. Twin Peaks y Los soprano, y poco más, bueno sí, Chocky (cuando crío) y Búscate la vida, pero aquí ya me estoy yendo por las ramas.

    Leyendo esto entran ganas, así te lo digo.

    Lost es una broma, sin más, como, en mi humilde opinión y según los preceptos de mi posiblemente anquilosado gusto, el resto de coñitas marineras que pergeña el J.J.

    Volviendo al doctor, hay por ahí un genio de los ruidos que debe de ser fan acérrimo de la serie, pues uno de sus alias es Davros. En el 2001 sacó un CD titulado The Key to Time (http://tinyurl.com/4yuzay3)

    -Winkhorst

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  5. Oh, Si! Has escrito un artículo genial, brillante, magnifico, me has hecho recordar mi propia experiencia con el Doctor, un algo que casi tenía olvidado hasta que volví a descubrir la serie debido a un comentario de un amigo, que me hizo rememorar ese vago recuerdo que tenía del Doctor, y como un grupo de chicos tratamos de integrar al Doctor en nuestros juegos. Algo difícil pues... ¿De dónde podríamos sacar una cabina de policía inglesa? Eso recuerdo que lo suplimos de una forma muy original, casi tanto como la propia serie..
    Por lo tanto, gracias Javier por hacerme recordar el pasado...

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  6. Si, si, pero .... hasta Navidad nada. Y hasta primavera tampoco. Necesito mi dosis. Ya.

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  7. Muy curioso todo esto, este post me ha hecho reflexionar.

    Gyal

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